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Samsung Galaxy A8

$6,699.00

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Características

Pantalla AMOLED 5,6″ 2220 x 1080px
Procesador Exynos 7885 Octacore 2,2GHz
Memoria RAM 4GB
Almacenamiento 32GB
MicroSD hasta 256GB
Cámara frontal 16MP + 8MP F1.9
Cámara trasera 16MP F1.7
Batería 3050 mAh
Carga rápida Adaptive Fast Charging

Sistema Operativo Android 7
Conectividad Wifi, Bluetooth, NFC
Sensor de huellas
Resistencia al agua

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Pantalla AMOLED 5,6″ 2220 x 1080px
Procesador Exynos 7885 Octacore 2,2GHz
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Samsung Galaxy A8, análisis: la respuesta a Xiaomi y OnePlus se pone más seria (excepto en el precio)

Samsung sigue apostando por dotar a la gama media-alta de un rival en condiciones para los Huawei, Xiaomi y hasta OnePlus que tan potentes han demostrado encontrarse en ese margen de precio donde la gama alta y premium del fabricante coreano y otros muchos no puede competir en relación calidad/precio pero sí que lo están haciendo en notoriedad, calidad y cuota de mercado.

De ahí el nuevo Samsung Galaxy A8, un modelo que llega para rematar una muy competente gama A del fabricante, especialmente con el Galaxy A5 2017 que tan buen resultado dio el año pasado y del que este Samsung Galaxy A8 es una completa y acertada evolución.

La apariencia (pero no todos los detalles) de un gama alta de nivel
Si el año pasado la división estética y de diseño entre la gama S de Samsung y la A estaba bastante clara a simple vista, este nuevo Samsung Galaxy A8 marca el inicio del fin de esa idea. Ni botón de inicio en el frontal ni formato clásico de pantalla. Infinity Display pasa de manera contundente a conformar una parte esencial del lenguaje de diseño de la serie A. Y le sienta muy bien. Aquí Samsung no ha sido la primera marca en pasar el diseño más actual a modelos de menos precio, ahí tenemos el LG Q6. No serán los únicos fabricantes que trasladen los diseños casi sin marcos y con todo pantalla a gamas más bajas.

Si en el primer vistazo el Galaxy A8 ya destaca y transmite la idea de un modelo de nivel, lo mismo ocurre con el acabado y sensación en mano. El fabricante coreano ha escogido cristal para la parte trasera de su Galaxy A8 y metal para el marco. El acabado y remate de los detalles no desentona con el precio que pagamos por él. En ese aspecto del diseño no hay concesiones. Ni podría haberlas habida cuenta de que el uso de estos materiales es ya algo común incluso en terminales de menos de 300 euros.

El Samsung Galaxy A8 no ha sido el primero ni mucho menos será el último en adoptar lo que más “vende” ahora: la pantalla sin marcos. O casi sin ellos
En el apartado más estético y de ergonomía, lo más llamativo del Galaxy A8 salta la vista: la pantalla Infinity Display. El Galaxy A8 hace desaparecer los controles del frontal del terminal, que ahora queda todo para la pantalla y el sistema de doble cámara frontal, sensor de luminosidad y LED de notificaciones. Vemos sin embargo que algunos detalles no son exactamente idénticos a los de la gama S del fabricante.

Para empezar los bordes de la pantalla no son tan curvados como los del Galaxy S8, por lo que a nivel visual es un terminal menos llamativo. Como se puede apreciar cuando enciendes la pantalla, la ausencia de marcos no es completa y se parece mucho más a los últimos Huawei que a los Galaxy S porque, pese al formato alargado y acercar la pantalla a los bordes, tanto en los laterales como especialmente en los bordes superior e inferior, la pantalla no se ajusta al máximo.

¿Habría cabido un botón de inicio más estilizado en el frontal? Seguramente, Huawei lo ha conseguido y el Galaxy A 2017 estaba cerca de ello. Sin embargo, la apariencia no habría sido la de un terminal aspiracional, un modelo de última generación. Así que Samsung ha movido ese botón a la parte trasera, pero no al lado de la cámara sino debajo. Hablaremos de él más adelante.

Los otros controles son los habituales: a la derecha el de encendido y apagado, bien situado en altura y con relieve suficiente, y sobre el que Samsung ha colocado el altavoz principal, potente pero que sufre en la definición tanto de agudos como con los graves. En el lateral izquierdo se posiciona el control de volumen, también correcto en dimensiones, tacto y recorrido. Junto a él, una bandeja para SIM.

Ya en la parte inferior encontramos el puerto USB-C de carga y el acertado puerto de auriculares de 3,5 mm. En el marco superior queda la segunda ranura, algo no muy habitual, para el sistema Dual SIM y la microSD. Curioso que en este terminal, pese a presencia de su asistente Bixby (hay que deslizar a la izquierda desde el escritorio principal), no haya botón exclusivo como hemos visto en la gama alta de los coreanos.

En mano el Galaxy A8 de Samsung nos ha resultado muy cómodo y manejable excepto para llegar con una sola mano a la parte superior. El formato alargado se agradece para mejorar el agarre del teléfono, pues es bastante reducida su anchura, pero en altura, y más con esta diagonal de pantalla, ese alargamiento hace más incómodo llegar a la parte alta. Pero en todo caso, para su diagonal de 5,6 pulgadas, es un smartphone manejable.

En peso y grosor no estamos ante un modelo destacado (170 gramos se notan), pero no le hace falta. Al final es cómodo, agradable al tacto, no muy resbaladizo precisamente por su poca anchura y el uso del cristal, y nos transmite la sensación de robustez pese al uso de este material en vez de metal. La protección de la parte de cristal es de Gorilla Glass 5. De momento, en esta semana de uso intensiva, no hemos apreciado marca alguna sobre el cristal, esperemos que siga así. El modelo que hemos probado, en negro, sí que retiene las huellas, las cuales son algo más visibles que en otros terminales con acabado similar y también en negro.

Samsung sabe rectificar con el lector de huellas trasero
Que todo o casi todo el frontal de un teléfono sea pantalla plantea serios problemas a los fabricantes, principalmente relacionados con dónde colocar el botón de inicio que ya es habitual que integre el lector de huellas. La solución habitual es trasladarlo a la parte trasera del teléfono, algo que hemos visto hacer a Samsung este año pero de una manera peculiar. Ese lugar justo al lado de la cámara, bastante elevado para la posición natural del dedo índice al coger el terminal con una mano, ha sido bastante polémico.

Colocado justo bajo la cámara trasera, no a su lado, con el sensor de huellas del Galaxy A8 no vamos a tener problemas
En este Samsung Galaxy A8 el lector de huellas pasa a esa zona trasera pero lo hace justo debajo de la cámara, lo habitual. La altura permite alcanzarlo sin problemas, pero quizás siga demasiado cerca de la cámara, y tal y como la propia Samsung advierte, hay que estar atento para no colocar el dedo sobre la misma. Y estar preocupado todo el tiempo de esa situación no es agradable.

En cuanto al funcionamiento, una vez pasada la tarea de añadir la huella, que es más tedioso que con otros terminales, la identificación con nuestra huella funciona sin problemas. Es rápida (aunque no instantánea como en los mejores teléfonos del mercado), no da fallos y podemos usarla con la pantalla bloqueada. Simplemente colocamos el dedo sobre él y quedamos identificados.

La funcionalidad de ese lector no es exclusivamente como identificación biométrica. Anque no hay botón físico sí que podemos usar esa zona como una especie de touchpad que resulta muy cómoda para bajar la barra de notificaciones.

Reconocimiento de rostros que funciona (si hay luz)
Otro detalle que agradecemos a Samsung en este Galaxy A8 es la inclusión de reconocimiento de rostros, tecnología que no es nueva para ellos. El desarrollo de esta identificación facial no impresiona ni se adapta como Face ID, pero a nivel de este terminal y su precio, funciona bastante bien aunque con claras limitaciones.

En las pruebas que hemos realizado, se ha comportado bien en interiores, con luz controlada y suficiente y el modo de reconocimiento rápido activado. En ese caso, tanto si me quitaba las gafas como si me ponía unas de sol (habiendo registrado mi rostro con las gafas de vista puestas), el sistema me reconocía. Si dejaba desactivado el modo de reconocimiento más rápido, que nos da más seguridad para no ser suplantado por fotos o vídeos, las gafas de sol ya no le cuadraban al sistema pero sí ir sin gafas. Un gorro de lana despistaba al sistema y en ambos modos no me dejaba entrar.

El Samsung Galaxy A8 descarta mirar nuestro iris pero sí que se atreve con la identificación de nuestro rostro. Pero depender solo de las cámaras lo deja con muchas limitaciones
Las situaciones más complejas han resultado ser las que se daban en entornos de luz muy fuerte, como por ejemplo a plena luz del día. En la calle, en días muy soleados, el sistema no ha acabado de acertar en más ocasiones de las que querría. Si tengo que girar la cabeza o huir de la zona de sol, el sistema no me sirve. Por la noche, con luz artificial el sistema sigue siendo deficiente, unas veces te reconoce pero es muy lento, y otras no es capaz de conseguirlo, y cuando apenas hay luz, directamente ni lo intentes. Es lo que ocurre cuando se basa exclusivamente en la imagen que es capaz de captar el sistema de cámaras delantero.

Bajo unas condiciones más controladas, como os decía, la identificación es acertada y relativamente rápida. Incluso podemos pedirle al sistema que nos identifique sin necesidad de deslizar la pantalla para entrar al sistema. Eso sí, la pantalla debe estar activa. En el día a día nos hemos acostumbrado fácil a la secuencia de coger el terminal, pulsar el botón de inicio y voilá, dentro del sistema. Aquí ayuda que ese botón físico esté a una altura muy bien pensada, queda justo donde, en mi caso, coloco de forma natural el dedo en el lateral.

En cuanto a la seguridad, en el modo de reconocimiento más rápido y que Samsung nos advierte que podría caer en una trampa con una imagen o vídeo de nuestra cara, nosotros no hemos podido engañarlo. Probamos con una foto en la pantalla de otro teléfono pero nada.

Pese a que funciona, el sistema de reconocimiento de rostros tiene limitaciones. No es más rápido ni mejor que el sensor de huellas, ni tampoco más cómodo de usar. Aquí lo hemos dejado activado junto con el lector de huellas, un combo que me ha convencido porque no me quita opciones sino que suma. Y eso siempre es mejor que dejar una sola opción al usuario.

La pantalla SuperAMOLED marca diferencias
A veces, al analizar de entrada la gama media-alta, la de esos terminales que están entre los 350 y 500 euros, las prestaciones que copian de la gama alta suelen nublar (por números) otros valores más importantes y determinantes en el día a día como son la pantalla o la cámara de fotos principal. Impresionan por precio y prestaciones pero en aspectos más importantes no acaban de ofrecer lo esperado.

A Samsung, ya sin duda alguna, hay que reconocerle su labor en el desarrollo de la tecnología SuperAMOLED. Este Galaxy A8 ha demostrado que la máxima calidad de sus paneles ya no hay que esperarla solo en su serie S o Note, sino que podemos acceder a ella con terminales más asequibles. No es la misma pantalla pero sí suficientemente avanzada para considerarla de las mejores en su gama de precio.

Si otros detalles de este Samsung Galaxy A8 no son quizás convincentes, las dudas se disipan al instante cuando giras la pantalla y no ves apenas variación del color, cuando puedes ajustar los valores de la pantalla para adecuarlo a tus necesidades o cuando sales al exterior y la visualización del terminal no da problemas a plena luz del día. Sigue siendo una pantalla lejos de la perfección, algo saturada de serie y poco fiel para ciertas tareas, pero no estamos ante un panel que de problemas en absoluto. Y eso no es fácil de decir.

Es cierto que los 499 euros pueden parecer caros sin doble cámara principal o con solo 32 GB de memoria interna. Pero no hay ninguna pantalla igual por este precio
Si nos fijamos en los números, la pantalla del Galaxy A8 no impresiona como las de la gama alta, pero es más que suficiente y muy digna para su precio. Estamos hablando de un panel de 5,6 pulgadas con resolución de 1.080 x 2.220 píxeles y el ya archiconocido formato alargado, en este caso 18,5:9. Es Pentile, sí, pero con suficiente resolución para que no sea algo apreciable. Podría tener más densidad de píxeles, pero los más de 440 ppp son más que suficientes para la mayoría de usos del terminal. Tampoco estamos hablando de un panel HDR aunque por su alto brillo, por encima de 550 nits, y ser un panel AMOLED, el contenido multimedia se puede disfrutar mucho.

Los principales pecados del panel el Galaxy A8 tienen que ver con la fidelidad en la reproducción del color. En general peca de ser una pantalla con tonos fríos en su modo dinámico, que es el que un usuario va a estar usando de manera habitual. Para usos más específicos hay que recurrir a los modos extra que incluye Samsung y donde el básico es el más fiel con la realidad pero también el menos llamativo. Aquí es cuestión de preferencias personales.

En todo caso conviene que cada cual juegue con el tono en el modo Adaptativo porque permite desde modificar individualmente el rojo, verde y azul de la pantalla, como darle un balance de color más frío o cálido según lo prefiramos.

Always On Display “rules”
Algo que me parece ya indispensable en un terminal con pantalla AMOLED es el modo Always On Display. Samsung lleva un par de iteraciones de su tecnología avanzando en posibilidades y en este Galaxy A8 no falta. Los iconos de aplicaciones y sus notificaciones van ganando terreno en esa pantalla bloqueada, y me resulta muy cómodo desde saber la hora a conocer la carga de batería restante o qué aplicaciones tienen notificaciones y acciones pendientes con solo mirar el teléfono. Si hacer nada más. En el caso de que queramos interaccionar basta con una doble pulsación sobre el icono, la identificación si tenemos protegido el acceso al teléfono y listo.

Como os contaba, el modo Always Display es una debilidad mia, pero no es un elemento que sea benevolente con la batería. Quizás por ello Samsung da la oportunidad de activarlo y desactivarlo de forma automática, pudiendo configurarlo para que esté funcionando cuando más nos aporta y dejarlo sin ese consumo, reducido pero extra, que nos resta autonomía real.

En el apartado de sonido, sin ser un terminal que enfatice excsivamente en ello, nos ha sorprendido bastante. Si bien al altavoz principal, único, simplemente se queda en correcto en cuando a calidad, del sonido por medio de los auriculares, en llamadas o incluso grabación de vídeo está a un nivel muy consistente. Incluso Samsung se ga atrevido con un ecualizador para que nos animemos a usarlo.

El interior del teléfono es su punto más débil
Resulta cuando menos extraño que con este Samsung Galaxy A8 sea la primera vez que comento de un terminal que la combinación de procesador, memoria y RAM desentona con el resto del terminal. Tan acostumbrados estamos a que en esta gama media-alta de Android se cuide esta combinación y sea precisamente el músculo para vender de muchos terminales, que nos hemos quedado algo sorprendidos.

Y ojo, no estamos ante un terminal que no rinda como debe ni que quede muy alejado de una experiencia diaria con fluidez de funcionamiento ni prestaciones, pero por 499 euros, es en el interior donde otros terminales le sacan los colores y posible argumento para restarle valor por su precio.

El Samsung Galaxy A8 usa un procesador de ocho núcleos, concretamente el Exynos 7885 (2×2.2GHz Cortex-A73 + 6×1.6GHz Cortex-A53) junto con la GPU Mali-G71. Se acompaña de 4 GB de memoria RAM y 32 GB de memoria interna, que son para mi sus cifras más discretas y donde Samsung sale perdiendo comparando cifra a cifra con otros grandes terminales en el rango de los 350-500 euros. Sobre todo me preocupa la memoria interna, pues para el usuario quedan menos de 25 GB, cifra que se puede reducir sin problemas otros 10 GB cuando instalemos nuestras aplicaciones de cabecera. Pese a que podemos ampliarla con tarjetas microSD, que la capacidad de serie no sea de 64 GB a estas alturas y repito, por 499 euros, me parece un error.

Habida cuenta de la competencia y sus datos de RAM y memoria interna, el Samsung Galaxy A8 queda algo rezagado y en desventaja si miramos las cifras brutas de su interior
Si nos ceñimos a los datos, el rendimiento del Galaxy A8 queda por detrás de la gama alta de esta generación y, en general, también por debajo de lo que la gama media-alta rival nos ha ofrecido en nuestros test previos. En PCMark se queda en 5172 puntos.

En el uso diario, aunque no notamos la velocidad de ejecución de todo a la misma velocidad que con los terminales punteros de este último año, no hay problemas de ralentización, cuellos de botella por la memoria RAM o juegos que sufran hasta hacerse inmanejables. En el futuro ya veremos.

Del lado positivo del interior de este Galaxy A8 os debo hablar del sistema de doble SIM y la ranura para tarjeta microSD (de hasta 256 GB), ninguna novedad excepto por un detalle nada menor: hay dos bandejas y podemos tener tanto espacio extra con la microSD como doble SIM al mismo tiempo, no hay que elegir. Y todo ello, que casi nos olvidamos, con resistencia al agua y polvo según el perfil IP68, que recordamos que no significa que el fabricante nos recomiende sumergir el terminal, pero que nos da un extra de seguridad que siempre queremos en un modelo de teléfono de precio considerable.

Batería para un día y con carga rápida mejorable
Con 3000 mAh en su haber, la batería del Samsung Galaxy A8 no es capaz de pasar del día de autonomía real. Es una cifra admisible, que quizás podrían estirar quienes hagan un uso moderado del terminal, pero en nuestra escala de test, con un uso bastante intensivo especialmente en redes sociales y comunicación a nivel de aplicaciones, hemos medidado por debajo de las 5 horas de pantalla para llegar al final del día con apenas el 10% de la batería.

Tras unos días de uso y la regulación del funcionamiento del Always On Display, hemos logrado que aguante más, pero no esperes no tener que cargar el Galaxy A8 al final del día o incluso primera hora de la noche. Esa carga, pese a no tener tecnología Qi, está conseguida. Samsung le sigue aplicando su Adaptive Charging, una carga rápida que no llega al nivel de la última de Qualcomm pero nos sirve perfectamente en este terminal habida cuenta de que el cargador de serie que trae la caja es compatible.

En nuestras pruebas, iniciando la carga desde el 15%, hemos alcanzado el 50% en 28 minutos, para el 75% necesita ya una hora y para una carga completa nos disparamos ya por encima de una hora y cuarenta y cinco minutos. Otro terminal más en que es recomendable darle pequeñas cargas a lo largo del día (sería ideal con carga inalámbrica) para tenerlo siempre listo.

Todavía Android 7.1 bajo la capa de Samsung
Que un terminal, sea de la gama que sea, en pleno mes de febrero de 2018 no llegue al mercado con Android 8.0 es un mal inicio. Por ahora, el Samsung Galaxy A8 viene con Android 7.1.1 y la última capa TouchWiz del fabricante.

Esa capa, como os contamos el año pasado, ha evolucionado y asemejado más a un Android puro en muchos aspectos, aunque la personalización sigue siendo peculiar en la apariencia y colorido. Pero funciona de forma fluida, no estorba y aporta detalles, aunque en este Galaxy A8 no hay muchas novedades a nivel de software que sean diferenciadoras de Android porque ni S-Pen ni pantalla curva forman parte del terminal.

Solo recordar que para acceder al cajón de aplicaciones hay que deslizar hacia arriba o abajo en medio de la pantalla, que podemos tener dos cuentas en algunas aplicaciones, una pantalla dividida con mucha flexibilidad de configuración, o configurar y ocultar (o no) según queramos la barra de controles Android, la cual es virtual (se pierde respecto a la gama alta el sensor de presión y la retroalimentación en forma de vibración).

Peso .170 kg
Dimensiones 10 × 10 × 10 cm
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